Síntomas de infarto en mujeres: señales y cómo actuar
El infarto de miocardio suele asociarse con un dolor intenso en el pecho que aparece de forma repentina. Esa manifestación es frecuente tanto en hombres como en mujeres, pero no siempre se presenta de una manera tan reconocible.
En algunas mujeres, el dolor torácico puede ser menos intenso o quedar en segundo plano frente a otros síntomas, como la falta de aire, las náuseas, el cansancio repentino o las molestias en la espalda y la mandíbula. Esta variabilidad puede retrasar la identificación del problema y la solicitud de asistencia sanitaria.
Reconocer los síntomas de infarto en mujeres es especialmente importante porque el tiempo transcurrido hasta recibir tratamiento influye directamente en la extensión del daño cardíaco y en el pronóstico.
Respuesta rápida: el síntoma más frecuente del infarto en una mujer continúa siendo el dolor, la presión o la molestia en el pecho. No obstante, también pueden aparecer falta de aire, sudor frío, náuseas, mareo, cansancio intenso o dolor en la espalda, el cuello, los brazos o la mandíbula.
Si estos síntomas aparecen de forma súbita, son intensos, persisten durante varios minutos o desaparecen y vuelven a aparecer, es necesario llamar inmediatamente al 112.
¿Qué es un infarto de miocardio?
Un infarto agudo de miocardio ocurre cuando el flujo sanguíneo que llega a una zona del músculo cardíaco se reduce o se interrumpe durante el tiempo suficiente para provocar una lesión en sus células.
La causa más habitual es la formación de un trombo sobre una placa de ateroma que se ha roto o erosionado dentro de una arteria coronaria. Como consecuencia, una parte del corazón deja de recibir el oxígeno que necesita.
El infarto forma parte de los denominados síndromes coronarios agudos. Se trata de una urgencia tiempo-dependiente: cuanto antes se restablezca el flujo sanguíneo, mayor será la posibilidad de limitar el daño cardíaco.
¿El infarto se presenta de forma diferente en las mujeres?
La enfermedad coronaria no es exclusiva de los hombres ni presenta siempre el mismo patrón en ambos sexos. Existen diferencias en la edad de aparición, los factores de riesgo, los mecanismos implicados, las comorbilidades y la forma en la que pueden expresarse los síntomas.
Las mujeres suelen desarrollar enfermedad cardiovascular a una edad más avanzada. Esto hace que, cuando se produce un infarto, sea más frecuente que coexistan hipertensión, diabetes, enfermedad renal u otras patologías que pueden complicar la evolución.
Además de la enfermedad coronaria obstructiva habitual, en las mujeres se diagnostican con mayor frecuencia algunos mecanismos que no siempre producen una obstrucción coronaria evidente, entre ellos:
- Infarto con arterias coronarias no obstructivas o MINOCA: existe evidencia de lesión miocárdica, pero no se observa una obstrucción coronaria significativa en la angiografía.
- Disección coronaria espontánea: se produce una separación entre las capas de la pared arterial que dificulta el paso de la sangre.
- Disfunción microvascular: afecta a los vasos coronarios más pequeños y puede alterar el aporte de sangre al miocardio.
- Espasmo coronario: una contracción transitoria de la arteria reduce temporalmente el flujo sanguíneo.
Estos mecanismos no son equivalentes entre sí y requieren una evaluación específica. Por eso, la ausencia de una gran obstrucción en las arterias coronarias no siempre descarta un problema cardiovascular relevante.
No existen síntomas exclusivos de las mujeres
El dolor o la presión en el pecho sigue siendo el síntoma más frecuente del infarto tanto en mujeres como en hombres. La diferencia es que, en algunas mujeres, pueden adquirir mayor protagonismo otras manifestaciones, como la falta de aire, las náuseas, el cansancio intenso o el dolor en la espalda y la mandíbula. Estos síntomas también pueden aparecer en hombres y siempre deben interpretarse dentro del conjunto del cuadro clínico.
Te recomendamos leer ¿Qué es un cardiólogo? El guardián del corazón
Síntomas de infarto en mujeres

El dolor o malestar torácico continúa siendo la manifestación más frecuente del infarto en las mujeres. Puede sentirse como presión, peso, quemazón, opresión o una molestia situada en el centro del pecho.
La sensación puede durar varios minutos o desaparecer y regresar posteriormente. En ocasiones se extiende hacia uno o ambos brazos, los hombros, el cuello, la mandíbula, la espalda o la parte superior del abdomen.
Junto al dolor torácico, pueden aparecer otros síntomas:
- Falta de aire, con o sin dolor en el pecho.
- Sudoración fría y repentina.
- Náuseas, vómitos o sensación similar a una indigestión.
- Dolor en la espalda, el cuello, la mandíbula o los hombros.
- Mareo, debilidad o sensación de desvanecimiento.
- Fatiga intensa, repentina y desproporcionada.
- Palpitaciones o sensación de ritmo cardíaco irregular.
- Malestar general o una percepción clara de que algo no va bien.
| Manifestación | Cómo puede percibirse | Qué conviene saber |
|---|---|---|
| Molestia torácica | Presión, opresión, peso, dolor o quemazón | Es el síntoma más frecuente tanto en mujeres como en hombres |
| Falta de aire | Dificultad repentina para respirar o sensación de no recibir suficiente aire | Puede aparecer antes o al mismo tiempo que la molestia torácica |
| Dolor irradiado | Molestias en brazos, espalda, cuello, mandíbula, hombros o abdomen superior | No siempre afecta únicamente al brazo izquierdo |
| Síntomas digestivos | Náuseas, vómitos, ardor o dolor epigástrico | Pueden confundirse con una indigestión o un problema gástrico |
| Fatiga o debilidad | Cansancio súbito, intenso y no explicado por la actividad realizada | Es relevante cuando aparece de forma nueva y junto a otros síntomas |
¿Puede haber un infarto sin dolor en el pecho?
Sí. Una parte de los infartos puede presentarse sin un dolor torácico claramente reconocible. En esos casos pueden predominar la dificultad respiratoria, el mareo, la sudoración, las náuseas o una debilidad intensa.
La ausencia de dolor en el pecho puede dificultar el reconocimiento del episodio, especialmente en personas mayores, pacientes con diabetes o personas con otras enfermedades crónicas.
Esto no significa que cualquier cansancio, dolor de espalda o molestia digestiva indique un infarto. Son síntomas frecuentes y poco específicos. La alerta aumenta cuando aparecen de forma súbita, son intensos, no tienen una explicación clara o se combinan entre sí.
¿Existen señales varios días antes de un infarto?
Algunas mujeres describen cansancio inusual, alteraciones del sueño, disnea o molestias intermitentes durante los días previos al episodio. Sin embargo, estos síntomas son inespecíficos y no permiten anticipar ni diagnosticar por sí solos un infarto.
No es conveniente interpretar el insomnio, la fatiga o la ansiedad de forma aislada como señales premonitorias. Cuando aparecen síntomas nuevos o persistentes, especialmente en una persona con factores de riesgo cardiovascular, deben comentarse con un profesional sanitario.
Qué hacer ante una posible señal de infarto
Ante síntomas compatibles con un infarto no debe esperarse a comprobar si desaparecen por completo. Tampoco es aconsejable acudir al hospital conduciendo o depender del traslado de un familiar.
Ante la sospecha de infarto
- Llama inmediatamente al 112.
- Explica qué síntomas presenta la persona y desde cuándo han comenzado.
- Mantén a la persona en reposo, sentada o semiincorporada.
- Afloja la ropa que dificulte la respiración.
- No le des comida, bebida ni medicamentos que no hayan sido indicados por el personal sanitario.
- No permitas que conduzca hasta el hospital.
- Sigue las instrucciones del centro coordinador de emergencias.
Los servicios de emergencias pueden realizar una primera valoración, registrar un electrocardiograma e iniciar el tratamiento durante el traslado. Además, pueden avisar al hospital para activar los circuitos asistenciales necesarios.
¿Se debe tomar ácido acetilsalicílico?
No debe administrarse medicación por iniciativa propia. El ácido acetilsalicílico puede estar indicado en determinados síndromes coronarios agudos, pero también puede resultar inadecuado cuando existe alergia, riesgo hemorrágico, tratamiento anticoagulante o cuando los síntomas tienen otra causa.
La decisión debe seguir las indicaciones del 112 o del profesional sanitario que atienda la urgencia.
Te puede interesar Paciente crítico: guía para familias y profesionales
Infarto, ansiedad o indigestión: ¿se pueden diferenciar en casa?
La ansiedad, el reflujo gastroesofágico, las contracturas musculares y otras alteraciones pueden provocar dolor torácico, palpitaciones, mareo o sensación de falta de aire. El problema es que estas manifestaciones también pueden aparecer durante un síndrome coronario agudo.
No existe una regla doméstica que permita diferenciarlos con seguridad. Ni la edad joven, ni la ausencia de antecedentes cardíacos ni el hecho de haber sufrido episodios de ansiedad anteriormente permiten descartar un infarto.
Se debe solicitar asistencia urgente cuando el dolor:
- aparece de forma repentina
- es intenso o diferente a molestias anteriores
- dura varios minutos o aparece de manera intermitente
- se acompaña de falta de aire, sudor frío, mareo o náuseas
- se extiende hacia el brazo, la espalda, el cuello o la mandíbula
- aparece con el esfuerzo o empeora progresivamente
La ansiedad solo debe considerarse la explicación principal después de una valoración adecuada cuando el cuadro pueda ser compatible con una urgencia cardiovascular.
Te recomendamos leer Prevención de enfermedades cardiovasculares
Cómo se diagnostica un infarto en una mujer
El diagnóstico no depende de un único síntoma ni de una sola prueba. El equipo sanitario valora la historia clínica, los factores de riesgo, la exploración física, el electrocardiograma y los biomarcadores cardíacos.
Electrocardiograma
El electrocardiograma registra la actividad eléctrica del corazón y puede mostrar alteraciones compatibles con isquemia o lesión miocárdica. Debe realizarse con rapidez ante la sospecha de un síndrome coronario agudo.
Un primer electrocardiograma sin alteraciones concluyentes no siempre descarta el problema. Según la evolución clínica, puede ser necesario repetirlo.
Troponinas cardíacas
Las troponinas son proteínas que se liberan en la sangre cuando existe daño en las células del músculo cardíaco. Su medición seriada permite detectar cambios relevantes a lo largo del tiempo.
Una troponina elevada indica lesión miocárdica, pero no identifica por sí sola su causa. El resultado debe interpretarse junto con los síntomas, el electrocardiograma y el resto de la evaluación clínica.
Pruebas de imagen y coronariografía
La ecocardiografía permite valorar el funcionamiento del corazón y detectar alteraciones en el movimiento de sus paredes. En determinados casos también se utilizan la tomografía, la resonancia magnética cardíaca o la coronariografía.
La coronariografía muestra el interior de las arterias coronarias y permite localizar obstrucciones. Cuando está indicado, el mismo procedimiento puede utilizarse para abrir la arteria mediante una angioplastia e implantar un stent.
Factores de riesgo de infarto en mujeres
La hipertensión arterial, el colesterol elevado, la diabetes, el tabaquismo, la obesidad, el sedentarismo y la edad son factores de riesgo cardiovascular relevantes en cualquier persona.
En las mujeres también deben considerarse determinadas condiciones relacionadas con la salud reproductiva y hormonal.
Menopausia y riesgo cardiovascular
La transición menopáusica se acompaña de cambios en la composición corporal, la presión arterial, la sensibilidad a la insulina y el perfil lipídico. Estos cambios, junto con el envejecimiento y otros factores, pueden aumentar progresivamente el riesgo cardiovascular.
La menopausia no provoca por sí sola un infarto ni implica que todas las mujeres necesiten seguimiento cardiológico. Sí representa un momento adecuado para revisar la presión arterial, el colesterol, la glucemia, el peso, el hábito tabáquico y los antecedentes familiares.
Complicaciones durante el embarazo
Los antecedentes de preeclampsia, hipertensión gestacional, diabetes gestacional, parto prematuro o restricción del crecimiento fetal se asocian con un mayor riesgo cardiovascular posterior.
Estas complicaciones deben formar parte de la historia clínica cardiovascular, incluso aunque hayan transcurrido años desde el embarazo.
Tabaco y anticonceptivos hormonales combinados
El tabaco daña la pared vascular, favorece la formación de trombos y aumenta el riesgo de enfermedad coronaria. Su combinación con anticonceptivos hormonales combinados que contienen estrógenos requiere una valoración especialmente cuidadosa, sobre todo a partir de los 35 años o cuando existen otros factores de riesgo.
No todos los métodos anticonceptivos presentan el mismo perfil. La elección debe individualizarse con ayuda de un profesional sanitario.
Diabetes
La diabetes aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular y puede favorecer presentaciones menos reconocibles del infarto. El control de la glucemia debe acompañarse del tratamiento integral de la presión arterial, el colesterol, el peso y el tabaquismo.
Enfermedades inflamatorias y autoinmunes
Patologías como el lupus eritematoso sistémico y la artritis reumatoide se asocian con un aumento del riesgo cardiovascular debido, entre otros mecanismos, a la inflamación crónica.
El seguimiento debe incluir la valoración de los factores cardiovasculares tradicionales y el control adecuado de la actividad inflamatoria.
¿Puede una mujer joven sufrir un infarto?
Sí, aunque su frecuencia aumenta con la edad. En mujeres jóvenes deben considerarse factores como el tabaquismo, la hipertensión, la diabetes, las alteraciones graves del colesterol, los antecedentes familiares y el consumo de determinadas drogas estimulantes.
También existen causas menos frecuentes que pueden aparecer en mujeres sin el perfil cardiovascular habitual. Una de ellas es la disección coronaria espontánea, que puede relacionarse con el embarazo y el posparto, aunque también aparece fuera de estos periodos.
Por tanto, ser joven no permite descartar un infarto cuando existen síntomas compatibles.
Cómo prevenir un infarto en mujeres
Una parte importante del riesgo cardiovascular puede reducirse mediante la detección y el control de los factores modificables. La prevención no debe comenzar únicamente después de la menopausia, sino mantenerse durante todas las etapas de la vida.
- No fumar: abandonar el tabaco reduce progresivamente el riesgo cardiovascular y respiratorio.
- Controlar la presión arterial: la hipertensión puede avanzar sin producir síntomas y dañar de forma progresiva el corazón y los vasos sanguíneos.
- Revisar el colesterol y la glucemia: la frecuencia de los controles debe adaptarse a la edad, los antecedentes y el riesgo individual.
- Mantener una alimentación cardiosaludable: priorizar verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos, pescado y aceite de oliva, limitando productos ultraprocesados, grasas trans, sal y azúcares añadidos.
- Realizar actividad física: combinar ejercicio aeróbico con trabajo de fuerza, adaptado a la condición física y a la situación clínica.
- Evitar el sedentarismo prolongado: levantarse y moverse periódicamente también forma parte de la prevención.
- Cuidar el sueño: el descanso insuficiente y algunos trastornos, como la apnea del sueño, pueden relacionarse con un mayor riesgo cardiovascular.
- Tratar las enfermedades crónicas: seguir correctamente el tratamiento de la hipertensión, la diabetes, la dislipemia y las enfermedades inflamatorias.
- Comunicar los antecedentes obstétricos: informar sobre preeclampsia, diabetes gestacional u otras complicaciones ayuda a valorar mejor el riesgo.
Una revisión cardiovascular no consiste solo en “mirar el corazón”
La valoración comienza habitualmente en atención primaria e incluye presión arterial, análisis de colesterol y glucemia, peso, hábitos, antecedentes familiares y complicaciones del embarazo. La derivación a cardiología se realizará cuando existan síntomas, enfermedad cardiovascular conocida, hallazgos anormales o un riesgo elevado.
Cuidados y recuperación después de un infarto
La recuperación no termina con el alta hospitalaria. Después de un infarto comienza una etapa de prevención secundaria destinada a reducir el riesgo de un nuevo episodio y recuperar la capacidad funcional.
Seguir correctamente el tratamiento
Después de un síndrome coronario agudo pueden prescribirse antiagregantes, estatinas, betabloqueantes, inhibidores del sistema renina-angiotensina u otros medicamentos.
No deben suspenderse, duplicarse ni modificarse sin indicación médica. Interrumpir algunos tratamientos, especialmente los antiagregantes después de la implantación de un stent, puede tener consecuencias graves.
Participar en rehabilitación cardíaca
La rehabilitación cardíaca combina ejercicio supervisado, educación sanitaria, control de los factores de riesgo y apoyo psicológico. Estos programas ayudan a recuperar la capacidad física, mejorar la adherencia al tratamiento y reducir el riesgo de nuevos eventos.
La derivación debe valorarse tras el alta siempre que exista disponibilidad y no haya contraindicaciones.
Atender la salud emocional
El miedo a sufrir otro infarto, la ansiedad y los síntomas depresivos son frecuentes durante la recuperación. No deben interpretarse como falta de fortaleza ni quedar fuera del seguimiento clínico.
La salud emocional influye en el descanso, la actividad física, la adherencia terapéutica y la calidad de vida. Cuando el malestar persiste, es conveniente solicitar apoyo profesional.
Retomar la actividad de forma progresiva
La vuelta al ejercicio, al trabajo, a la conducción y a la actividad sexual debe individualizarse según el tipo de infarto, el tratamiento recibido, la función cardíaca y la evolución de cada paciente.
El equipo de cardiología y rehabilitación indicará cuándo y cómo retomar estas actividades de forma segura.
Preguntas frecuentes sobre el infarto en mujeres
Formación para profundizar en el abordaje cardiovascular
La atención a una persona con sospecha de síndrome coronario agudo exige reconocer los signos de alarma, actuar con rapidez y comprender tanto la monitorización hemodinámica como el tratamiento farmacológico.
Para los profesionales de enfermería, actualizar estos conocimientos permite interpretar mejor la evolución clínica, anticipar posibles complicaciones y participar con mayor seguridad en la atención al paciente crítico.
Máster en Enfermería Hemodinámica
Una formación orientada a profundizar en la valoración hemodinámica, los procedimientos intervencionistas y los cuidados de enfermería en pacientes con patología cardiovascular.
Experto en Farmacología Clínica para Enfermería
Permite reforzar conocimientos sobre los principales grupos farmacológicos, su administración segura, las interacciones y la vigilancia de posibles efectos adversos.
Máster de Enfermería
Una opción de formación sanitaria integral para ampliar competencias asistenciales, actualizar procedimientos y reforzar la toma de decisiones en distintos contextos clínicos.
Aviso sanitario: la información de este artículo tiene carácter informativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Ante síntomas compatibles con un infarto, llama inmediatamente al 112.
Referencias bibliográficas
American Heart Association. (2024). Heart attack symptoms in women.
European Society of Cardiology. (2024). Acute coronary syndrome in women.
European Society of Cardiology. (2026). Cardiovascular risk management in women.
European Society of Cardiology. (2026). Primary prevention of cardiovascular disease in women.
Instituto Nacional de Estadística. (2025). Estadística de defunciones según la causa de muerte. Resultados provisionales de 2025.