Cómo tratar las grietas en el pezón durante la lactancia
Las grietas en el pezón son una de las situaciones más frecuentes al inicio de la lactancia materna. No suelen aparecer de forma brusca, sino que empiezan con una molestia leve que, si no se corrige a tiempo, acaba convirtiéndose en dolor durante la toma y en pequeñas fisuras visibles.
En la práctica, muchas madres lo identifican enseguida: el momento en el que el bebé se engancha deja de ser neutro y pasa a ser incómodo. A veces es un pinchazo breve; otras, una sensación de quemazón que se mantiene durante toda la toma, muy típica cuando hay grietas en el pezón durante la lactancia.
Y aquí hay una idea importante: la lactancia no debería doler de forma mantenida. Cuando lo hace, casi siempre hay algo que se puede ajustar.
En la mayoría de los casos, la causa es mecánica: un agarre superficial hace que la presión se concentre en el pezón. Si no se corrige, la piel termina lesionándose aunque se apliquen tratamientos para curar las grietas en el pezón.
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Qué son las grietas en el pezón
Las grietas en el pezón son pequeñas fisuras o roturas en la piel del pezón o la areola que aparecen con frecuencia durante la lactancia materna. Pueden variar desde una irritación leve hasta lesiones visibles con dolor durante la toma, y suelen estar relacionadas con la forma en la que se produce la succión.
Qué hay detrás de una grieta en el pezón
Cuando se observa con calma, lo que está ocurriendo no es solo una herida en la piel. Es el resultado de una presión repetida mal distribuida. Si el bebé no abarca suficiente areola, la fuerza de succión se concentra en un punto concreto, y ese tejido acaba cediendo.
Por eso hay grietas que aparecen en pocos días. No es que la piel sea más débil, es que está recibiendo un estímulo constante que no puede compensar.
A partir de ahí, pueden sumarse otros factores. Una piel más seca o irritada responde peor. Un frenillo lingual corto puede impedir que el agarre sea profundo. Y, en algunos casos, la evolución no mejora porque hay algo más que no encaja del todo.
En consulta hay un detalle que orienta mucho: cuando el dolor no se limita a la toma y continúa después, con sensación de ardor o irradiación hacia el pecho, conviene descartar candidiasis. No es lo más frecuente, pero cambia completamente el enfoque.
Además de estos factores, en la práctica también se observan otras situaciones que pueden favorecer la aparición de grietas, como la sequedad excesiva de la piel, el uso de sacaleches con una talla inadecuada o la retirada del bebé sin romper el vacío de succión. Son detalles pequeños, pero cuando se repiten, pueden mantener la lesión en el tiempo.
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Cómo se reconocen las grietas en el pezón
No siempre empiezan con una herida visible. De hecho, lo habitual es que el primer signo sea el dolor. Al principio puede ser solo al engancharse el bebé, pero si la situación se mantiene, termina apareciendo durante toda la toma.
Con el paso de los días, la piel empieza a mostrar lo que está ocurriendo: enrojecimiento, pequeñas fisuras, alguna costra o incluso un sangrado leve que a veces sorprende más de lo que realmente implica.
Ese sangrado, aunque llama la atención, rara vez supone un problema para el bebé.
Cómo curar las grietas en el pezón
Cuando aparece un pezón agrietado, es fácil centrarse en qué aplicar. Sin embargo, cuando hablamos de cómo curar las grietas en el pezón, lo que realmente cambia la evolución suele ser otra cosa: cómo está mamando el bebé.
Muchas madres buscan qué aplicar cuando hay grietas en el pezón. Más allá del producto concreto, lo importante es que cualquier medida acompañe a la corrección del agarre. Opciones como la lanolina purificada o los apósitos de hidrogel pueden ayudar a proteger la piel y favorecer la recuperación.
Revisar el agarre es el punto de partida. A veces basta con pequeños ajustes para que la presión deje de concentrarse en el pezón y empiece a repartirse de forma más fisiológica.
A partir de ahí, tiene sentido acompañar la cicatrización. No hace falta hacer muchas cosas, pero sí hacerlo con lógica clínica.
| En qué se interviene | Qué se busca |
|---|---|
| Agarre | Eliminar el estímulo que está produciendo la lesión |
| Cuidado de la piel | Favorecer la cicatrización sin alterar el entorno |
| Control del dolor | Permitir que la lactancia continúe sin rechazo |
Cuando esto se ajusta bien, la evolución suele ser bastante rápida. En pocos días el dolor cambia, y la piel empieza a recuperarse.

Cómo prevenir las grietas en el pezón
Cuando se habla de prevenir las grietas en el pezón, es fácil pensar en cremas o productos específicos. Sin embargo, en la práctica clínica, la prevención depende mucho más de cómo se establece la lactancia desde el principio que de lo que se aplique después.
El elemento más determinante es el agarre del bebé. Cuando es profundo y la boca abarca no solo el pezón, sino buena parte de la areola, la presión se distribuye de forma más uniforme. Esto hace que el tejido tolere mejor la succión y reduce de forma significativa el riesgo de lesión.
En cambio, un agarre superficial (aunque al inicio pueda parecer funcional) tiende a concentrar la fuerza en el pezón. Es ahí donde, con el paso de las tomas, empiezan a aparecer las molestias y, posteriormente, las fisuras.
La posición durante la toma también influye más de lo que parece. Una postura cómoda, en la que el bebé esté bien alineado y pueda acercarse al pecho sin tensión, facilita que el agarre sea espontáneamente más eficaz. Cuando hay incomodidad, es frecuente que el agarre se vea comprometido.
Otro aspecto que conviene cuidar es la piel del pezón. No necesita una higiene especial, pero sí evitar aquello que pueda alterarla. El uso de jabones, productos perfumados o materiales poco transpirables puede resecar la piel y hacerla más vulnerable al roce.
En este sentido, muchas veces menos es más: mantener la zona limpia con agua tibia, permitir que el pezón se airee tras las tomas y evitar la humedad constante suele ser suficiente.
También puede ser útil variar las posiciones de amamantamiento. Este pequeño cambio modifica los puntos de presión y evita que siempre recaiga sobre la misma zona del pezón, algo que a largo plazo ayuda a prevenir la aparición de grietas.
Por último, hay un factor que marca una diferencia clara y que a veces se pasa por alto: la intervención precoz. Cuando aparecen las primeras molestias, aunque sean leves, revisar la técnica en ese momento evita que la situación evolucione hacia una lesión establecida.
En la práctica, prevenir es ajustar a tiempo: un pequeño cambio en el agarre en los primeros días puede evitar completamente la aparición de grietas.

Cuándo consultar a un médico por grietas en el pezón
Aunque muchas grietas mejoran en pocos días al corregir la causa, hay situaciones en las que conviene realizar una valoración profesional. Esto incluye dolor que no mejora, empeoramiento de la lesión, signos de infección o sospecha de candidiasis.
En estos casos, identificar el origen del problema permite ajustar el tratamiento y evitar que la situación se prolongue en el tiempo.
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Dudas habituales cuando aparecen grietas en el pezón
Cuando aparecen grietas durante la lactancia, hay una serie de preguntas que se repiten con bastante frecuencia en consulta. Estas son las más habituales y lo que conviene tener en cuenta en cada caso.
Formación en lactancia materna
El abordaje de las grietas en el pezón no se limita a aplicar medidas locales. Implica comprender la técnica de lactancia, identificar factores de riesgo y acompañar a la madre en un proceso que muchas veces genera dudas e inseguridad.
Por eso, para el profesional sanitario, la formación en lactancia materna va más allá de la teoría. Supone adquirir criterio clínico para intervenir de forma precoz, mejorar la experiencia de la madre y favorecer la continuidad de la lactancia.
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