Escala de Glasgow: qué mide, cómo se puntúa e interpretación clínica

escala glasgow

Un paciente llega a urgencias tras sufrir una caída. Está despierto, pero desorientado, responde con dificultad a algunas preguntas y no obedece todas las órdenes. ¿Cómo se valora su nivel de conciencia? Y, sobre todo, ¿cómo se detecta si su estado neurológico empeora durante la observación?

La escala de Glasgow es una de las herramientas más utilizadas para responder a estas preguntas. A través de tres respuestas observables, permite describir el nivel de conciencia del paciente y seguir su evolución con criterios compartidos por los profesionales sanitarios.

Su aplicación es habitual en urgencias, emergencias extrahospitalarias y unidades de cuidados intensivos, especialmente ante un traumatismo craneoencefálico (TCE). Sin embargo, conocer sus puntuaciones no es suficiente. Para interpretarla correctamente hay que entender qué mide cada componente, qué factores pueden alterar las respuestas y cómo valorar los cambios entre exploraciones.

Escala de Glasgow: puntuación de 3 a 15. Evalúa tres respuestas: apertura ocular (1-4 puntos), respuesta verbal (1-5 puntos) y respuesta motora (1-6 puntos). La suma de los tres componentes permite obtener una puntuación total de entre 3 y 15, siempre que todos sean evaluables.

En pacientes con traumatismo craneoencefálico, los valores de 13-15 corresponden habitualmente a un TCE leve, de 9-12 a uno moderado y de 3-8 a uno grave. La puntuación orienta sobre la gravedad clínica, pero debe interpretarse junto con el resto de la exploración neurológica.

Qué es la escala de Glasgow y para qué se utiliza

La escala de coma de Glasgow, conocida también por sus siglas en inglés GCS (Glasgow Coma Scale), es un instrumento de valoración clínica que mide la capacidad de respuesta de una persona mediante la apertura ocular, la comunicación verbal y la actividad motora.

Su principal ventaja es que permite describir el nivel de conciencia sin depender de expresiones que pueden resultar ambiguas. Decir que un paciente está somnoliento o poco reactivo aporta información, pero no siempre permite conocer con precisión cómo responde. En cambio, registrar que abre los ojos a la voz, está desorientado y obedece órdenes ofrece una descripción mucho más concreta.

Esta diferencia cobra especial importancia cuando varios profesionales intervienen en la atención de una misma persona o cuando hay que comparar las exploraciones realizadas a lo largo de las horas.

La escala no identifica la causa de la alteración de conciencia ni sustituye una exploración neurológica completa. Tampoco permite conocer por sí sola la extensión de una lesión cerebral. Su utilidad reside en describir las respuestas del paciente y detectar cambios en su evolución.

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Origen y objetivo de la escala

La escala fue desarrollada por los neurocirujanos Graham Teasdale y Bryan Jennett, de la Universidad de Glasgow, y presentada en 1974 en la revista científica The Lancet.

En aquella época, la valoración del nivel de conciencia se apoyaba en descripciones que no siempre coincidían entre profesionales. Un mismo paciente podía ser considerado estuporoso por un observador y semicomatose por otro, lo que dificultaba el seguimiento clínico y la comunicación entre servicios.

Teasdale y Jennett plantearon una forma de evaluación basada en respuestas que pudieran observarse y registrarse por separado. El modelo original se perfeccionó posteriormente hasta llegar a la escala de 15 puntos que se utiliza actualmente.

Más de cinco décadas después, continúa siendo una referencia internacional, precisamente porque permite comunicar hallazgos neurológicos mediante un lenguaje clínico común.

En qué situaciones clínicas se aplica

La escala de Glasgow se asocia principalmente al traumatismo craneoencefálico, pero su utilización no se limita a los pacientes que han sufrido un golpe en la cabeza.

También se emplea ante alteraciones del nivel de conciencia relacionadas con intoxicaciones, trastornos metabólicos, lesiones cerebrales agudas y otras situaciones de gravedad. En unidades de cuidados intensivos puede formar parte del seguimiento neurológico, siempre que las condiciones del paciente permitan una exploración válida.

En el ámbito extrahospitalario resulta especialmente útil para conocer el estado neurológico inicial y transmitir esa información al equipo receptor. Una puntuación obtenida durante la primera asistencia puede compararse con la registrada posteriormente en urgencias, lo que ayuda a reconocer cambios durante el traslado.

Ahora bien, una puntuación baja no significa necesariamente que exista una lesión cerebral estructural grave. La sedación, algunas intoxicaciones, la hipoglucemia o determinados trastornos metabólicos también pueden disminuir la capacidad de respuesta. Por eso, Glasgow siempre debe interpretarse dentro del contexto clínico.

Componentes de la escala de Glasgow

La escala se divide en tres componentes que se valoran de forma independiente. Cada uno explora una respuesta distinta y tiene su propio rango de puntuación.

Antes de empezar, conviene comprobar si existen circunstancias que puedan interferir en la exploración. Después se observan las respuestas espontáneas y, cuando es necesario, se utilizan estímulos verbales o físicos adecuados. La puntuación se asigna según la mejor respuesta observada en cada componente.

Apertura ocular

La apertura ocular se puntúa de 1 a 4 y permite valorar la respuesta de activación del paciente ante diferentes estímulos.

Si mantiene los ojos abiertos de manera espontánea, obtiene 4 puntos. Si necesita que le hablen para abrirlos, recibe 3. Cuando solo responde a la estimulación física, la puntuación es 2. La ausencia de apertura ocular corresponde a 1 punto, siempre que sea posible evaluar este componente.

Un detalle importante es que abrir los ojos no implica necesariamente estar orientado ni comprender lo que sucede. Un paciente puede presentar apertura ocular espontánea y, al mismo tiempo, tener una respuesta verbal muy alterada.

También hay situaciones en las que no podemos valorar correctamente esta respuesta. Por ejemplo, si existe un edema palpebral intenso que impide abrir los ojos. En ese caso, no sería correcto asignar automáticamente un punto por ausencia de apertura, porque el problema puede ser mecánico y no neurológico.

Respuesta verbal

La respuesta verbal tiene un máximo de 5 puntos. Permite valorar cómo se comunica el paciente, si está orientado y si utiliza un lenguaje comprensible.

La puntuación máxima corresponde a una persona que responde adecuadamente a preguntas sobre su identidad, el lugar donde se encuentra y su situación temporal.

Cuando puede mantener una conversación, pero presenta desorientación o confusión, obtiene 4 puntos. Si utiliza palabras reconocibles sin establecer una conversación coherente, recibe 3. La emisión de sonidos incomprensibles se puntúa con 2 y la ausencia de respuesta verbal con 1.

La diferencia entre una respuesta confusa y las palabras aisladas suele generar dudas. No es lo mismo un paciente que conversa de forma comprensible, aunque se equivoque al decir dónde está, que otro que pronuncia palabras sin mantener un intercambio verbal coherente.

Además, hay que considerar las dificultades de comunicación que no dependen directamente del nivel de conciencia. Una afasia, una barrera idiomática o la presencia de un tubo endotraqueal pueden impedir una valoración válida de este componente.

Respuesta motora

La respuesta motora se puntúa de 1 a 6 y tiene un peso especialmente relevante en la exploración neurológica. Permite comprobar si el paciente obedece órdenes y, cuando no lo hace, cómo responde ante determinados estímulos.

La máxima puntuación, 6 puntos, se obtiene cuando cumple órdenes sencillas, como levantar un brazo o mostrar dos dedos.

Si no obedece órdenes, se comprueba su respuesta a la estimulación física mediante técnicas adecuadas. Cuando realiza un movimiento dirigido hacia el lugar del estímulo para apartarlo, se considera que lo localiza y recibe 5 puntos.

En cambio, si retira la extremidad alejándola del estímulo, pero sin localizarlo, la respuesta corresponde a una flexión normal y se puntúa con 4.

Las respuestas de flexión anormal y extensión reciben 3 y 2 puntos, respectivamente. Si no existe respuesta motora evaluable, se asigna 1 punto.

Localizar un estímulo no es lo mismo que retirar una extremidad. Esta distinción es importante porque confundir ambas respuestas puede sobreestimar la puntuación motora. Para evitarlo, deben seguirse los criterios de exploración estandarizados y tener en cuenta posibles lesiones o limitaciones del movimiento.

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Cómo se calcula la puntuación total

Una vez valorados los tres componentes, se suman sus puntuaciones. El resultado puede oscilar entre un mínimo de 3 y un máximo de 15 puntos.

Glasgow = respuesta ocular + verbal + motora

E (1-4) + V (1-5) + M (1-6) = 3-15 puntos

La siguiente tabla recoge los criterios de puntuación utilizados en la escala de Glasgow de adultos.

Tabla de puntuación de la escala de Glasgow

Componente Respuesta Puntos
Apertura ocular (E)
Ocular Espontánea 4
Ocular A la voz o al sonido 3
Ocular A la presión física 2
Ocular Sin respuesta 1
Respuesta verbal (V)
Verbal Orientada 5
Verbal Confusa 4
Verbal Palabras aisladas 3
Verbal Sonidos incomprensibles 2
Verbal Sin respuesta 1
Respuesta motora (M)
Motora Obedece órdenes 6
Motora Localiza el estímulo 5
Motora Flexión normal (retirada) 4
Motora Flexión anormal 3
Motora Extensión 2
Motora Sin respuesta 1

Fuente: Glasgow Coma Scale, Universidad de Glasgow. Si una respuesta no puede evaluarse, se registra como NT (no evaluable) y no se calcula una puntuación total convencional.

Rango de puntuación y qué significa cada nivel

Un Glasgow de 15 representa la máxima respuesta posible en los tres componentes. El paciente abre los ojos espontáneamente, está orientado y obedece órdenes. En el extremo contrario, una puntuación de 3 corresponde a la ausencia de respuesta ocular, verbal y motora evaluable.

Sin embargo, el resultado total no cuenta toda la historia.

Imaginemos dos pacientes con Glasgow 12. El primero abre los ojos espontáneamente, responde con palabras aisladas y localiza un estímulo físico (E4, V3, M5). El segundo necesita que le hablen para abrir los ojos, está confuso y también localiza el estímulo (E3, V4, M5).

Los dos suman 12 puntos, pero sus respuestas no son idénticas. Por eso, en lugar de comunicar únicamente la cifra, es recomendable acompañarla siempre del desglose de sus componentes.

Ejemplo de cálculo de Glasgow

Un paciente llega a urgencias después de un accidente de tráfico. Durante la exploración:

  • Abre los ojos cuando se le habla: E3.
  • Responde a las preguntas, pero está desorientado: V4.
  • Localiza el estímulo físico: M5.

Glasgow = 3 + 4 + 5 = 12 puntos

En el contexto de un traumatismo craneoencefálico, esta puntuación se encuentra dentro del rango moderado. La valoración deberá completarse con la exploración neurológica, las constantes vitales y las pruebas complementarias que correspondan.

Errores frecuentes al puntuar

Uno de los errores más habituales es quedarse únicamente con el resultado total. Aunque la suma es útil, no permite identificar qué respuesta se ha alterado ni comparar adecuadamente los cambios entre exploraciones.

También puede haber dificultades al distinguir algunas respuestas motoras, especialmente la retirada de una extremidad y la localización del estímulo. La diferencia no siempre es evidente en una primera observación, de ahí la importancia de utilizar una técnica de exploración estandarizada.

Otro problema aparece cuando se asigna la puntuación mínima a un componente que en realidad no puede evaluarse.

Esto sucede, por ejemplo, con un paciente intubado. Que no pueda hablar por la presencia de un tubo endotraqueal no significa que su respuesta verbal sea neurológicamente inexistente. En estas circunstancias se registra como V-NT (no evaluable), sin calcular una suma total convencional que podría resultar engañosa.

Por último, hay que considerar los factores que pueden modificar las respuestas, como la sedación, el bloqueo neuromuscular o determinadas lesiones. Una puntuación obtenida bajo estas condiciones no debe compararse sin más con otra realizada cuando el paciente estaba despierto y sin esos condicionantes.

Interpretación clínica de los resultados

Un Glasgow de 10 no siempre significa lo mismo. Si un paciente tenía 6 puntos hace media hora y ahora tiene 10, la evolución es muy diferente a la de alguien que ha pasado de 14 a 10.

Por eso, la tendencia de la puntuación es tan importante como el resultado de una exploración aislada. Un descenso puede indicar un deterioro neurológico que necesita valoración urgente, incluso cuando la cifra final no parece especialmente baja.

También hay que observar qué componente ha cambiado. Una disminución de la respuesta motora, por ejemplo, puede tener especial relevancia clínica y requiere atención.

TCE leve, moderado y grave según la puntuación

En pacientes con traumatismo craneoencefálico, la escala de Glasgow permite realizar una clasificación inicial de la gravedad clínica. Habitualmente se distinguen tres niveles:

Gravedad del TCE Puntuación Interpretación clínica
Leve 13-15 Nivel de respuesta relativamente conservado, aunque no descarta lesiones intracraneales.
Moderado 9-12 Alteración significativa del nivel de conciencia que requiere valoración y vigilancia estrechas.
Grave 3-8 Alteración grave de la conciencia, con riesgo elevado de complicaciones y necesidad de atención urgente.

Esta clasificación ayuda a orientar la asistencia, pero no debe confundirse con un pronóstico definitivo.

Un paciente con Glasgow 15 puede presentar una hemorragia intracraneal u otra lesión relevante. Por el contrario, una puntuación baja puede estar influida por una intoxicación o por medicamentos administrados durante la atención.

En los traumatismos graves, además, la protección de la vía aérea es una prioridad. Una puntuación de Glasgow igual o inferior a 8 constituye una señal de alarma que exige valorar urgentemente la capacidad del paciente para mantener la vía aérea protegida y una ventilación adecuada. La indicación de intubación dependerá del conjunto de la situación clínica.

La escala orienta las decisiones, pero no puede sustituir la valoración integral del paciente ni los protocolos de actuación.

Diferencias con la escala de Glasgow modificada y pediátrica

La escala convencional no siempre puede aplicarse de la misma manera a todas las edades. En un lactante, por ejemplo, no tendría sentido valorar la orientación preguntándole dónde está o qué día es.

Por ese motivo, existen versiones pediátricas de Glasgow que adaptan las respuestas a las capacidades esperables según el desarrollo del niño.

En los pacientes más pequeños, la respuesta verbal puede valorarse mediante el llanto, las vocalizaciones y la interacción. La respuesta motora también se interpreta teniendo en cuenta las habilidades propias de la edad.

El objetivo sigue siendo el mismo: identificar el nivel de respuesta y reconocer cambios. Lo que varía son los criterios utilizados para evaluarlo.

Por otra parte, el término «escala de Glasgow modificada» puede hacer referencia a distintas adaptaciones, por lo que es necesario identificar qué versión se está utilizando. No existe una única modificación universal bajo esa denominación.

En pacientes críticos también puede utilizarse la escala FOUR (Full Outline of UnResponsiveness), que incorpora la valoración de los reflejos del tronco encefálico y del patrón respiratorio, además de las respuestas oculares y motoras. Se trata de otra herramienta, no de una versión pediátrica ni de una simple ampliación de Glasgow.

Aplicación práctica en enfermería y urgencias

En urgencias, la escala de Glasgow no debería utilizarse únicamente para completar un apartado de la historia clínica. Su verdadero valor aparece cuando permite reconocer que algo ha cambiado.

El personal de enfermería tiene un papel especialmente importante en este seguimiento. Las exploraciones sucesivas pueden detectar un deterioro que no estaba presente en la valoración inicial y facilitar que el equipo asistencial actúe a tiempo.

La puntuación debe acompañarse de otros datos neurológicos y clínicos: tamaño y reactividad pupilar, movimientos de las extremidades, constantes vitales y aparición de nuevos síntomas.

Por ejemplo, un paciente puede conservar una puntuación de Glasgow relativamente elevada y, aun así, desarrollar anisocoria o un déficit motor focal. Estos hallazgos requieren atención independientemente de la cifra total.

Frecuencia de reevaluación

¿Cada cuánto tiempo debe repetirse la escala de Glasgow? No existe una frecuencia única que sirva para todos los pacientes. Dependerá de la causa de la alteración de conciencia, la estabilidad clínica y el entorno asistencial.

En el caso de los pacientes ingresados para observación tras un traumatismo craneoencefálico, la guía NICE NG232 establece intervalos mínimos de vigilancia neurológica.

Situación clínica Frecuencia mínima de observación
Mientras Glasgow sea inferior a 15 Cada 30 minutos
Primeras 2 horas con Glasgow 15 Cada 30 minutos
Siguientes 4 horas Cada hora
Posteriormente, si permanece estable Cada 2 horas

Fuente: NICE NG232, recomendaciones 1.9.10-1.9.13. Estos intervalos corresponden específicamente a la observación hospitalaria del traumatismo craneoencefálico.

Los intervalos programados no sustituyen una reevaluación inmediata cuando aparecen signos de deterioro. Un cambio mantenido en la puntuación, una alteración pupilar, una nueva debilidad en alguna extremidad o un comportamiento anormal pueden justificar una valoración urgente.

En definitiva, la frecuencia debe ajustarse a la situación clínica y al protocolo del centro, sin perder de vista que cualquier cambio relevante puede requerir adelantar la exploración.

Registro y comunicación entre profesionales

La forma de registrar Glasgow también importa. Una anotación que diga únicamente «Glasgow 11» ofrece menos información que otra donde se especifiquen los tres componentes y las circunstancias de la valoración.

Esto resulta especialmente útil en los cambios de turno, durante los traslados y cuando distintos profesionales participan en el seguimiento del mismo paciente.

Ejemplo de registro de enfermería

10:00 h: Glasgow 13 (E3, V4, M6). Abre los ojos a la voz, mantiene una conversación confusa y obedece órdenes.

10:30 h: Glasgow 11 (E3, V3, M5). Continúa abriendo los ojos a la voz, pero ahora emite palabras aisladas y localiza el estímulo físico.

Valoración: se observa un descenso de dos puntos, con empeoramiento de las respuestas verbal y motora. Este cambio requiere comunicación inmediata al equipo responsable y reevaluación clínica urgente.

El ejemplo muestra por qué resulta tan importante disponer de registros comparables. La puntuación total ha descendido de 13 a 11, pero el desglose permite identificar exactamente qué respuestas han cambiado.

También conviene documentar las circunstancias que puedan influir en la exploración, como la administración de sedantes, la intubación o la presencia de lesiones que dificulten los movimientos.

Una valoración bien registrada facilita la continuidad asistencial y evita que información relevante se pierda entre una exploración y la siguiente.

Preguntas frecuentes sobre la escala de Glasgow

¿Qué significa tener 15 puntos en la escala de Glasgow?

Significa que el paciente presenta apertura ocular espontánea, está orientado y obedece órdenes. Es la puntuación máxima de la escala, aunque no descarta la existencia de lesiones intracraneales u otras alteraciones neurológicas.

¿Qué significa un Glasgow de 8?

En el contexto de un traumatismo craneoencefálico, una puntuación de 8 se encuentra dentro del rango grave. Indica una alteración importante del nivel de conciencia y requiere atención urgente, incluida la valoración de la protección de la vía aérea y de la ventilación.

¿Cuál es la puntuación mínima de Glasgow?

La puntuación mínima es 3, correspondiente a la ausencia de respuesta ocular, verbal y motora, siempre que los tres componentes puedan evaluarse. Un Glasgow de 3 no equivale automáticamente a muerte encefálica, cuyo diagnóstico requiere una evaluación específica.

¿Cómo se puntúa Glasgow en un paciente intubado?

Cuando la intubación impide valorar la respuesta verbal, debe registrarse como no evaluable (V-NT). Se documentan las respuestas ocular y motora, pero no se calcula una puntuación total convencional. Asignar V1 por el hecho de que el paciente no pueda hablar podría llevar a una interpretación incorrecta.

¿Puede empeorar un paciente aunque mantenga la misma puntuación?

Sí. Dos exploraciones pueden dar la misma suma total y presentar combinaciones diferentes de respuestas. Además, pueden aparecer otros signos neurológicos relevantes, como alteraciones pupilares o déficits motores focales, que no quedan reflejados directamente en la puntuación.

¿La escala de Glasgow permite saber si un paciente se recuperará?

La puntuación aporta información sobre la gravedad de la alteración de conciencia y puede contribuir a la valoración pronóstica, pero no permite predecir por sí sola la recuperación. Para ello es necesario considerar la causa del deterioro, la evolución, la edad, los hallazgos de neuroimagen y otros factores clínicos.

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Saber calcular la escala de Glasgow es solo una parte de la valoración neurológica. En urgencias también hay que reconocer qué cambios requieren atención inmediata, interpretar otros signos clínicos y comunicar los hallazgos con precisión.

Estas competencias se desarrollan con la experiencia asistencial, pero también necesitan una base de conocimientos actualizada. Comprender los mecanismos que intervienen en las alteraciones de conciencia y conocer los procedimientos de atención urgente ayuda a interpretar mejor las situaciones que pueden surgir durante la práctica profesional.

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La escala de Glasgow es un buen ejemplo de cómo una herramienta aparentemente sencilla puede aportar información relevante para la atención sanitaria. Conocer sus criterios permite puntuar correctamente; comprender sus limitaciones y seguir la evolución de las respuestas es lo que ayuda a utilizarla con criterio clínico.

Referencias bibliográficas

  1. Teasdale, G., & Jennett, B. (1974). Assessment of coma and impaired consciousness: A practical scale. The Lancet, 2(7872), 81-84. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(74)91639-0
  2. Glasgow Coma Scale. (s. f.). The Glasgow Structured Approach to Assessment of the Glasgow Coma Scale. University of Glasgow. https://www.glasgowcomascale.org/
  3. Glasgow Coma Scale. (s. f.). Frequently asked questions. https://www.glasgowcomascale.org/faq/
  4. National Institute for Health and Care Excellence. (2023). Head injury: Assessment and early management (NICE Guideline NG232). https://www.nice.org.uk/guidance/ng232
  5. Wijdicks, E. F. M., Bamlet, W. R., Maramattom, B. V., Manno, E. M., & McClelland, R. L. (2005). Validation of a new coma scale: The FOUR score. Annals of Neurology, 58(4), 585-593. https://doi.org/10.1002/ana.20611

Nota: Este artículo tiene carácter informativo y formativo. La valoración de pacientes con alteraciones neurológicas debe realizarse por profesionales sanitarios conforme a los protocolos clínicos y las circunstancias de cada caso.

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