¿Cuántos pasos hay que dar al día?

cuánto hay que andar al día

¿Cuánto hay que andar al día? Es una pregunta que suena sencilla, pero en consulta y en formación sanitaria siempre aparece un matiz: no es lo mismo “andar un poco” que construir una rutina diaria que realmente beneficie a tu cuerpo.

Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) no da un número oficial de pasos general para todo el mundo, sí que establece unas recomendaciones de tiempo e intensidad según el rango de edad.

No hace falta empezar por una cifra concreta. Lo importante es moverse más hoy que ayer, y hacerlo de forma sostenible.

Recomendaciones de la OMS

La OMS recomienda que los adultos acumulen, a lo largo de la semana, entre 150 minutos a la semana de actividad aeróbica de intensidad moderada, o bien entre 75 minutos de actividad enérgica, o una combinación equivalente.

  • Si caminas a un ritmo moderado, alrededor de 30 minutos la mayoría de días.
  • Si tu caminata es más intensa (más bien paso ligero), puedes jugar con menos tiempo total, pero más exigente.

Pero, si la OMS habla de minutos, no de pasos… ¿Por qué tantos profesionales usamos pasos como referencia?

La respuesta es sencilla: porque son fáciles de seguir y motivan. Y porque, en estudios poblacionales, más pasos se asocian con mejores resultados en salud, hasta un punto que varía según la edad.

Una orientación realista para adultos sanos:

  • Si hoy estás en una media de 3.000-4.000 pasos/día, pasar a 5.000-6.000 ya es un salto importante.
  • Mucha gente encuentra un buen objetivo intermedio en 7.000-8.000 pasos, porque ahí se observan reducciones de riesgo relevantes en varios estudios.
  • Subir más puede aumentar los beneficios, sobre todo si también vas aumentando el ritmo.
Pasos diarios

Beneficios de una rutina de caminar

Caminar es una de las formas más sencillas de realizar actividad física. No requiere equipamiento, se adapta a casi cualquier edad y, bien dosificada, es compatible con la mayoría de situaciones clínicas (con las precauciones habituales). Cuando se convierte en rutina diaria, los beneficios se notan por dentro y por fuera.

Beneficios físicos

  1. Salud cardiovascular y control metabólico. Una caminata regular, especialmente si incluye tramos de caminata rápida, se asocia con mejoras en parámetros cardiovasculares y reduce el riesgo de eventos adversos a largo plazo. En términos prácticos: mejor tolerancia al esfuerzo, mejor control de tensión arterial en muchas personas y apoyo al metabolismo de la glucosa.

  2. Ayuda a mantener un peso saludable. Caminar no hace magia, pero sí suma. Si además alternas momentos más rápidos con ratos tranquilos, es más fácil aumentar el gasto energético. Ese pequeño aumento de ritmo marca diferencia con el tiempo.

  3. Capacidad funcional y prevención. Caminar mantiene fuerza y movilidad, y es una base excelente para personas que quieren retomar movimiento sin lanzarse de golpe a una práctica deportiva intensa.

Si quieres obtener mejores resultados, aumenta el tiempo de caminata progresivamente. Si hoy haces 15 minutos, sostén eso una semana. Luego sube a 20. Después a 30 minutos. Lo que se mantiene, cuenta.

Beneficios mentales

Caminar también influye en el estado de ánimo y la función cognitiva.

  • Cuando se convierte en una rutina diaria, es frecuente que la persona sienta menos irritabilidad, más sensación de control y una mejor tolerancia al estrés.
  • La actividad física sostenida se asocia con mejor funcionamiento cerebral. Eso significa que cuesta menos concentrarse y la sensación de fatiga mental llega más tarde. Si además se introducen pequeños periodos de caminata rápida, el estímulo suele ser mayor, sin necesidad de convertirlo en una sesión exigente.

Hay un beneficio más del que no se habla tanto: caminar ayuda a cerrar el día con menos activación. En personas con jornadas largas o pantallas hasta tarde, esa “bajada de revoluciones” puede facilitar un descanso más consistente, que al final también repercute en el ánimo y en la cognición al día siguiente.

¿Cómo medir tus pasos?

Medir no es obsesionarse. Es mirar el marcador para saber si el plan va funcionando. Y para ello, los wearables son la mejor opción:

  • Móvil. La mayoría de smartphones registran pasos con apps de salud. Para que cuente bien, debe ir siempre contigo.
  • Reloj o pulsera de actividad. Suelen ser más consistentes, especialmente si cambias mucho el móvil de sitio.
  • Podómetro. Una opción simple, barata y útil si no quieres depender del móvil.

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Cómo usar los datos sin frustrarte:

  • Mira tu media semanal, no el dato de un día suelto.
  • Define una meta que te obligue a moverte un poco más, pero que no te rompa la agenda.
  • Si un día no llegas, no intentes recuperarlo al día siguiente con un "atracón" de pasos. Ajusta y vuelve.

Y si quieres mejorar sin alargar demasiado el tiempo, prueba esto: alterna caminata rápida con caminatas tranquilas. Por ejemplo, 1 minuto rápido + 2 minutos tranquilos, repetido 10 veces. Es una forma sencilla de alternar periodos de caminata y, a la vez, entrenar el corazón sin convertirlo en una sesión dura.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto hay que andar al día para estar “bien”?

El objetivo es aproximarte a esos 150 minutos a la semana de actividad moderada (por ejemplo, 30 minutos cinco días). Si prefieres intensidad alta, el equivalente puede ser 75 minutos semanales vigorosos.

¿Cuántos pasos son 30 minutos andando?

Depende del ritmo, la altura, la zancada y el terreno. Como orientación, 30 minutos pueden suponer varios miles de pasos. En vez de quedarte con una cifra rígida, fíjate en la tendencia: si cada semana haces un poco más, vas bien.

¿Sirven 7.000-8.000 pasos o hay que llegar a 10.000?

El famoso número 10.000 no es una obligación universal. Estudios amplios han encontrado que alrededor de 6.000-8.000 pasos en mayores y 8.000-10.000 en menores de 60 se asocian con reducción del riesgo de mortalidad, con una curva de beneficios que tiende a estabilizarse a partir de cierto punto.

¿Caminar cuenta como práctica deportiva?

Puede ser práctica deportiva si se hace con intención, regularidad y cierta intensidad. Si alternas periodos de caminata rápida, aumentas el estímulo cardiovascular, por lo que quemar energía es más fácil. Para muchas personas, caminar es la puerta de entrada perfecta a un estilo de vida activo.

¿Es mejor caminar seguido o en bloques?

Ambas opciones suman. Si tu agenda está apretada, puedes hacer 10 minutos por la mañana, 10 al mediodía y 10 por la tarde. Lo importante es acumular minutos y pasos.

¿Cómo empiezo si llevo tiempo con poca actividad física?

Empieza poco a poco: 10-15 minutos al día durante una semana. Luego sube a 20, después a 30 minutos. Con esta forma progresiva obtendrás mejores resultados, sin lesiones ni abandono.

¿Cuándo debería consultar a un profesional?

Si al caminar aparece dolor en el pecho, disnea intensa, mareo, palpitaciones sostenidas o dolor articular, conviene valoración. También si tienes patologías crónicas y quieres planificar un aumento de intensidad con seguridad.

Conclusión

Caminar cada día no es un reto deportivo, es una inversión en salud que se paga en pequeñas cuotas. Unas cuantas decisiones sencillas (bajar una parada antes, subir escaleras, una vuelta corta tras comer) pueden colocarte muy cerca de lo que la Organización Mundial de la Salud considera suficiente para obtener beneficios claros.

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